
LA DEUDA
Por fin en casa. ¡Ufff! ¡Qué alivio sin botas! Traigo los pies cociditos. Me voy a poner un cubata del tirón. ¡Qué mierda de curro! Menos mal que es sólo un mes. Pa colmo hoy lo de la niña.... No podía ser una más con sus sueñecitos cursis, no, era sudaca fijo por el habla y, novelera, pa colmo ¿Pues no va y se pone a contarme su vida? Que si su madre es criada en casa de unos señores muy ricos que tienen un hijo muy malo que desobedece a sus papás, no recoge sus cosas, tira la comida y demás retahíla de gravísimos pecados infantiles. Y claro, ella es muy buena, y no hace eso, ayuda a su mamá que tiene mucho trabajo… ¡Y la preguntita! Joder, pa colmo con esos ojos como dos pozos negros, va y me suelta que YO no soy justo, que por qué, si ella es buena, le traje el año pasado sólo una muñeca que no hacía nada y al niñato rico un montón de regalos a cual más guay.
A la mierda la barba, a la mierda este estúpido traje, a la mierda Papa Noel. ¿Cómo decirle que es una patraña, que to-do es una patraña y que nunca podrá tener lo mismo que el pijito, que lo que haga importa un bledo mientras no moleste a los señores, que no hay Papa Noel ni viejos barbudos en el cielo a quien pedir o reclamar nada de nada...
Me callé como un imbécil para darle un caramelo. Vino la madre, como pidiendo perdón. Creo que esa mujer lleva pidiendo perdón desde que nació. Se fueron a pagar a la caja las cuatro cosillas que llevaban en la cesta. Le di vueltas al tema. Tenía que fumarme un pitillo. Atravesé directo por la sección de juguetes y le eché un guiño a Paco el vigilante. El muy cabrón siempre se mete conmigo, como si su disfraz de segurata sí supusiera ser alguien. ¡Qué se joda, qué se la he pegao bien! Les esperé a la salida. La madre no quería, pero la mandé callar. Un disfraz de princesa, la muñeca cuenta-cuentos, el barco pirata de Peter Pan y un reno de peluche: el pago de una deuda.
Esta copa va por ti, por no callarte, por tus bracitos en mi cuello y ese brillo triste de tus ojos, porque al menos hoy parece que el día ha merecido la pena, y al híper que le den, que se gasta en cada anuncio de felicidad en lata la ilusión de millones de chiquillas como tú. Ahora lo suyo es reírse con esa voz de viejo bonachón, ahora que hasta me lo creo un poco: ¡Jo-jo-jojó!
Película referida en comentario:
FELIZ NAVIDAD
Y esta es la escena central, merece la pena. Además... fue un hecho real.






