Ésta es mi Casa, tu Casa

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miércoles, 9 de junio de 2010

JANUMAN EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS (final)




Cuando consiguió montar el puzzle de cristal de su memoria, descubrió que faltaba un fragmento, un hueco triangular en su reflejo, en el vientre de aquel espejo roto que le mostraba cuarteado en pedacitos de si mismo, a modo de telaraña que acaba en embudo, en vértigo de abismo. Se preguntó por el vacío de aquel agujero negro en miniatura y sintió la tentación de asomarse.

Debía andarse con cuidado, los filos cortantes tomaron forma de acantilados al acercarse a ellos. El vaho de su aliento se hizo ola y le arrastró en remolino. Caía por un caleidoscopio vertical, reflejado en sucesivas copias de si mismo que aleteaban como un enjambre de moscas. Tuvo tiempo de observarlas y notar que no eran él, sino ese nosotros que cargamos con el tiempo y que tanto nos confunde. Fue entonces cuando tocó suelo sin apenas darse cuenta.

Estaba en un vestíbulo y había tres puertas con rótulos de bronce encima: pasado, futuro y ahora. El Pasado era un portón antiguo, de madera gruesa y maciza. Pese a ello se abría con facilidad, para dar paso a un salón en penumbra decorado profusamente con muebles de época. En el centro un confortable diván invitaba a tumbarse y dejar que la mirada vagase perezosa de objeto en objeto. Una propuesta irresistible que aplazó por curiosidad.

El Futuro era un largo y elevado ventanal de acero inoxidable que daba a un paisaje de prados y nubes blancas y se abría de forma mecánica al acercarte. Podías sentarte en la hierba, entornar los ojos bajo el sol y jugar a formatear aquel vapor a tu antojo. Sería agradable dejar pasar el tiempo soñándo un universo de algodón, un tiempo blando y vaporoso.

En medio de ambos, una puerta pequeña, sencilla y sin estilo bajo el título de Ahora. Pese a parecer endeble, forcejeó en vano con su pomo. Estaba cerrada, sellada, blindada de forma inapreciable a simple vista, pero evidente ante su empuje. Una simple cerradura daba a entender una llave de la que no encontró rastro alguno en el vestíbulo. Si no hubiese intentado abrirla, el Pasado o el Futuro habríán sido dos platos de balanza a cual más cómodo para pesar su decisión, pero ya no podría recostarse en prados ni en divanes sin dejar de preguntarse aquel misterio oculto en el presente.

Se sentó en el suelo. Así la puerta quedaba a su altura y, al compararla con las otras, le vino el recuerdo de una juguetería en la que, junto a la puerta de entrada, había una más pequeña para llamar la atención de los niños. Sonrió y ese gesto fue la llave que abrió su comprensión. Quizás solo un niño pueda vivir en el ahora, con los ojos abiertos de par en par a la magia del instante, capaces de ver la vida como un cuento que se escribe jugando al escondite, sin querer, sin planes ni objetivos, un baile en la comba del destino, cantando una canción sin sentido aparente: rosa con rosa, clavel con clavel, que ha dicho mi madre que elija y escoja usted.

Escojer no escojer, dejar que el cuento discurra con el asombro ingenuo de una astucia inocente. Calzarse las botas de siete leguas de la intuición, tocarse con la varita de los sueños, volar en la alfombra que se teje destello a destello.

Fue fácil, acarició la puerta y se abrió sin esfuerzo, como un gato acariciado en el lomo. Un par de peldaños de cristal flotaban en un vacío negro y espeso. Después la nada. Puso un pie en cada uno. Con mucha precaución alargó una pierna con la puntera del pie hacia adelante, buscando un apoyo. A punto estuvo de caerse. Al manotear para mantener el equilibrio cerró la puerta quedando atrapado en aquella escalera rota, solo con su miedo y su razón, volviéndose loco. Cuando se agotó de pensar una forma de salir, se sentó en un peldaño, exhausto de impotencia. Entonces el otro desapareció ante su vista. Un niño solitario ante un infinito de negrura y de silencio. Recordó la puerta y la sonrisa. Trató de escudriñar en si mismo una esperanza y decidió confiar de nuevo en la lúcida locura de la infancia. Se puso en pié, a la pata coja, cerró los ojos y saltó.

Escuchó una nota aguda al caer en algo inesperadamente estable. No se atrevió a mirar receloso de su suerte y siguió saltando, componiendo una melodía con ecos de función de marionetas que se repetía como un estribillo. Paró, apoyó el otro pie y abrió sus párpados. De nuevo, nada más que un peldaño . Ni rastro de aquel xilófono en que él había sido la baqueta. Algo rozó su rostro. Una fina cuerda y, al final, hermosa en la distancia, una cometa de colores vivos bailando sinuosa. No dudó ni un instante, asió el cabo y tiró con fuerza. Aquel artilugio de papel no cedió ni un milímetro, parecía anclado en su danza por una mano invisible y poderosa. Esta vez apenas perdió tiempo en tratar de entender y saltó al vació amarrado al poder de la ilusión. Así comenzó su viaje.

Al principió tuvo vértigo, el vértigo de saberse lazo al final de una frágil cometa, adorno de carne, fantasía de si mismo. A medida que subió y se alejó del suelo, comenzó a sentir que la cuerda se anudaba a su muñeca hasta formar un todo con él. Así aprendió a dirigirla con el deseo. Parecía fácil, pero pronto se cansó de ir de un lado para otro como una hoja seca en el viento. Comprendió que el problema era que carecía de un deseo vehemente que le sirviera de rumbo. Todos sus viejos deseos yacían esparcidos por el suelo y allí, desde la altura, semejaban los restos de algún vendabal, cadáveres resecos después de una batalla

Oteó el horizonte en busca de un rastro, pero qué podía desear en aquel vacío de penumbra. Mirase donde mirase todo era un hueco repleto de nada. El ahora resultaba ser una burbuja que flotaba en un abismo. Entonces se fijo en los reflejos irisados de esa pompa, que como un espejo cóncavo le mostraban los matices de su alma. Supo que, más allá de sus errores, de sus miserias y fracasos, habitaba algo hermoso, casi intangible pero puro. Cerro sus ojos y se dejó mecer por la brisa de un anhelo de unidad, de permanencia. Se soñó a si mismo como un mundo con sus selvas, sus desiertos, sus montañas y sus mares, y allí, en el centro de su ser, un magma cálido y potente.

Se bañó en esa lava y por un instante, breve pero intenso, fue carne de luz y se hizo estrella, un brillo fugaz en medio de la noche.

Franco Battiato:

NO TIME NO SPACE

NOMADAS

lunes, 24 de mayo de 2010

SOLEDAD

A veces uno se sabe solo, radicalmente solo. Es cierto que están los demás, incluso gente que te quiere, que te aprecia, a la que importas. Pero allí, en el centro de tu ser estás tan solo, solo contigo mismo, sin nadie, siendo nadie en la nada. Esa soledad a veces pesa como una muchedumbre de silencios. Otras es liviana, como debe ser flotar en el vacío. Una soledad que nos acompaña desde que nacemos hasta esa soledad inmensa de la muerte.

Puedes sentirte tan solo en medio de una multitud y tan acompañado en soledad... Puedes añorarla en el bullicio o mendigar un poco de amable compañía. La soledad es necesaria para ser, para saberse y para verse tal cual somos. A veces, algunas veces, en esa soledad estás sereno, entroncado en la vida y palpitante. Es la soledad del caminante que paso a paso se siente huella, eco, sendero.

Januman dejó por unos horas el País de las Maravillas para dejarse lamer por el sol y las olas. Solo paseó por las espumas cantando una canción que quiere compartir con otras soledades.

ZAMBA PARA NO MORIR

Romperá la tarde mi voz
Hasta el eco de ayer.
Voy quedándome solo al final,
Muerto de sed, harto de andar.
Pero sigo creciendo en el sol,
Vivo.
Era el tiempo viejo la flor,
La madera frutal.
Luego el hacha se puso a golpear,
Verse caer, sólo rodar.
Pero el árbol reverdecerá
Nuevo.
Al quemarse en el cielo la luz del día
Me voy.
Con el cuero asombrado me iré,
Ronco al gritar que volveré
Repartido en el aire a cantar,
Siempre.
Mi razón no pide piedad,
Se dispone a partir.
No me asusta la muerte ritual,
Sólo dormir, verme borrar.
Una historia me recordará
Siempre.
Veo el campo, el fruto, la miel
Y estas ganas de amar.
No me puede el olvido vencer,
Hoy como ayer, siempre llegar.
En el hijo se puede volver
Nuevo.

Ahora elijan la voz que más les guste:

- la añeja original

- la de Mercedes Sosa
- la de Pedro Guerra (de su último disco)

Soledad desafinada de Stan Getz


Para soledades plenas y como premio de fidelidad para Lady Bufa:

Europa; Santana y Gato Barbieri

martes, 18 de mayo de 2010

JANUMAN EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS II



Cuando consiguió montar el puzzle de cristal de su memoria, descubrió que faltaba un fragmento, un hueco triangular en su reflejo, en el vientre de aquel espejo roto que le mostraba cuarteado en pedacitos de si mismo, a modo de telaraña que acaba en embudo, en vértigo de abismo. Se preguntó por el vacío de aquel agujero negro en miniatura y sintió la tentación de asomarse.

Debía andarse con cuidado, los filos cortantes tomaron forma de acantilados al acercarse a ellos. El vaho de su aliento se hizo ola y le arrastró en remolino. Caía por un caleidoscopio vertical, reflejado en sucesivas copias de si mismo que aleteaban como un enjambre de moscas. Tuvo tiempo de observarlas y notar que no eran él, sino ese nosotros que cargamos con el tiempo y que tanto nos confunde. Fue entonces cuando tocó suelo sin apenas darse cuenta.

Estaba en un vestíbulo y había tres puertas con rótulos de bronce encima: pasado, futuro y ahora. El Pasado era un portón antiguo, de madera gruesa y maciza. Pese a ello se abría con facilidad, para dar paso a un salón en penumbra decorado profusamente con muebles de época. En el centro un confortable diván invitaba a tumbarse y dejar que la mirada vagase perezosa de objeto en objeto. Una propuesta irresistible que aplazó por curiosidad.

El Futuro era un largo y elevado ventanal de acero inoxidable que daba a un paisaje de prados y nubes blancas y se abría de forma mecánica al acercarte. Podías sentarte en la hierba, entornar los ojos bajo el sol y jugar a formatear aquel vapor a tu antojo. Sería agradable dejar pasar el tiempo soñándo un universo de algodón, un tiempo blando y vaporoso.

En medio de ambos, una puerta pequeña, sencilla y sin estilo bajo el título de Ahora. Pese a parecer endeble, forcejeó en vano con su pomo. Estaba cerrada, sellada, blindada de forma inapreciable a simple vista, pero evidente ante su empuje. Una simple cerradura daba a entender una llave de la que no encontró rastro alguno en el vestíbulo. Si no hubiese intentado abrirla, el Pasado o el Futuro habríán sido dos platos de balanza a cual más cómodo para pesar su decisión, pero ya no podría recostarse en prados ni en divanes sin dejar de preguntarse aquel misterio oculto en el presente.

Se sentó en el suelo. Así la puerta quedaba a su altura y, al compararla con las otras, le vino el recuerdo de una juguetería en la que, junto a la puerta de entrada, había una más pequeña para llamar la atención de los niños. Sonrió y ese gesto fue la llave que abrió su comprensión. Quizás solo un niño pueda vivir en el ahora, con los ojos abiertos de par en par a la magia del instante, capaces de ver la vida como un cuento que se escribe jugando al escondite, sin querer, sin planes ni objetivos, un baile en la comba del destino, cantando una canción sin sentido aparente: rosa con rosa, clavel con clavel, que ha dicho mi madre que elija y escoja usted.

Escojer no escojer, dejar que el cuento discurra con el asombro ingenuo de una astucia inocente. Calzarse las botas de siete leguas de la intuición, tocarse con la varita de los sueños, volar en la alfombra que se teje destello a destello.

Fue fácil, acarició la puerta y se abrió sin esfuerzo, como un gato acariciado en el lomo. Un par de peldaños de cristal flotaban en un vacío negro y espeso. Después la nada. Puso un pie en cada uno. Con mucha precaución alargó una pierna con la puntera del pie hacia adelante, buscando un apoyo. A punto estuvo de caerse. Al manotear para mantener el equilibrio cerró la puerta quedando atrapado en aquella escalera rota, solo con su miedo y su razón, volviéndose loco. Cuando se agotó de pensar una forma de salir, se sentó en un peldaño, exhausto de impotencia. Entonces el otro desapareció ante su vista. Un niño solitario ante un infinito de negrura y de silencio. Recordó la puerta y la sonrisa. Trató de escudriñar en si mismo una esperanza y decidió confiar de nuevo en la lúcida locura de la infancia. Se puso en pié, a la pata coja, cerró los ojos y saltó.

Escuchó una nota aguda al caer en algo inesperadamente estable. No se atrevió a mirar receloso de su suerte y siguió saltando, componiendo una melodía con ecos de función de marionetas que se repetía como un estribillo. Paró, apoyó el otro pie y abrió sus párpados. De nuevo, nada más que un peldaño . Ni rastro de aquel xilófono en que él había sido la baqueta. Algo rozó su rostro. Una fina cuerda y, al final, hermosa en la distancia, una cometa de colores vivos bailando sinuosa. No dudó ni un instante, asió el cabo y tiró con fuerza. Aquel artilugio de papel no cedió ni un milímetro, parecía anclado en su danza por una mano invisible y poderosa. Esta vez apenas perdió tiempo en tratar de entender y saltó al vació amarrado al poder de la ilusión. Así comenzó su viaje.

(Continuará)

Una banda sonora rescatada de los viejos éxitos de la casa: Yamoré

Si tienes fe, si vives sin miedo y con confianza
si te vuelves un novato
si la mirada de nuestra infancia vuelve a brillar con inocencia
tu mente se ilumina
y el temporal tal vez va a amainar.

viernes, 7 de mayo de 2010

JANUMAN EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS


Cuando consiguió montar el puzzle de cristal de su memoria, descubrió que faltaba un fragmento, un hueco triangular en su reflejo, en el vientre de aquel espejo roto que le mostraba cuarteado en pedacitos de si mismo, a modo de telaraña que acaba en embudo, en vértigo de abismo. Se preguntó por el vacío de aquel agujero negro en miniatura y sintió la tentación de asomarse.

Debía andarse con cuidado, los filos cortantes tomaron forma de acantilados al acercarse a ellos. El vaho de su aliento se hizo ola y le arrastró en remolino. Caía por un caleidoscopio vertical, reflejado en sucesivas copias de si mismo que aleteaban como un enjambre de moscas. Tuvo tiempo de observarlas y notar que no eran él, sino ese nosotros que cargamos con el tiempo y que tanto nos confunde. Fue entonces cuando tocó suelo sin apenas darse cuenta.

Estaba en un vestíbulo y había tres puertas con rótulos de bronce encima: pasado, futuro y ahora. El Pasado era un portón antiguo, de madera gruesa y maciza. Pese a ello se abría con facilidad, para dar paso a un salón en penumbra decorado profusamente con muebles de época. En el centro un confortable diván invitaba a tumbarse y dejar que la mirada vagase perezosa de objeto en objeto. Una propuesta irresistible que aplazó por curiosidad.

El Futuro era un largo y elevado ventanal de acero inoxidable que daba a un paisaje de prados y nubes blancas y se abría de forma mecánica al acercarte. Podías sentarte en la hierba, entornar los ojos bajo el sol y jugar a formatear aquel vapor a tu antojo. Sería agradable dejar pasar el tiempo soñándo un universo de algodón, un tiempo blando y vaporoso.

En medio de ambos, una puerta pequeña, sencilla y sin estilo bajo el título de Ahora. Pese a parecer endeble, forcejeó en vano con su pomo. Estaba cerrada, sellada, blindada de forma inapreciable a simple vista, pero evidente ante su empuje. Una simple cerradura daba a entender una llave de la que no encontró rastro alguno en el vestíbulo. Si no hubiese intentado abrirla, el Pasado o el Futuro habríán sido dos platos de balanza a cual más cómodo para pesar su decisión, pero ya no podría recostarse en prados ni en divanes sin dejar de preguntarse aquel misterio oculto en el presente.

(continuará)

AT SWIN TO BIRDS

Let her go

domingo, 25 de abril de 2010

IGNORANCIA

Imagen de una nebulosa conocida como "El ojo de dios".


Ignoro tantas cosas. El sol demuestra su pujanza en esta tarde a golpes de luz y sombras, conforma una doble realidad en cada objeto, permite mirar el mundo en una doble perspectiva. Una ventana de dos hojas que se abre ante mis ojos miopes con su cofre de destellos y de risas de color. La primavera ha salpicado todo. Una nube de mosquitos danza en el aire a contraluz. A salvo tras llas gafas de esta casa, contemplo la forma del conjunto en permanente ondulación cual bandada de vencejos diminutos. Nunca sabré por qué adoran ese preciso espacio de aire, por qué acuden puntuales a la cita cada tarde, o el afán que les mueve a desplegar tanta energía a fin de ser enjambre sin colmena. No sabré adondé van, ni cuánto duran, ni si mañana vuelven ellos o su estirpe recurrente.

Poco importa. Ajeno a mis preguntas, el mundo despliega su bullicio de materia. Aprendí que ese teatro de la vida no necesita espectadores, si bien nos tolera y nos invita a formar parte de su obra. Ello requiere la humildad de no reclamar un papel protagonista, estar dispuesto a hacer de figurante, a compartir la dignidad de una concha o de una hormiga, formar parte del coro, una voz más en la orquesta que interpreta la sinfonía del átomo en la ópera del universo.

No resulta fácil, pero a veces se consigue. Entonces dejas de ser yo y durante un fragmento de vida te sientes nada y en todo a la vez. Es entonces cuando el tiempo se detiene para hacerse instante, fluida sucesión de permanencia en el cambio, ahora. Aquí, en la vida que te toca vivir te guste o no, se corresponda o no con la que tú querías, en estas circunstancias que no elegiste pero sí determinaste. Aprovéchate, exprímele el jugo a este momento, ya habrá tiempo de mascar el tiempo, de la sed que dejan las constumbres, de mirar sin ver y oir sin escuchar. Bébete la luz, aquí y ahora.

Januman

De la última delicatessen incorporada a nuestra selecta carta: RUFUS WAINWRIGHT

Accross the universe

Going to a town

The origin of love
: un cuento palpitante

viernes, 16 de abril de 2010

ALQUIMIA


Entrada collage de impresiones que convergen estos días. Escucho en la radio homenajes a Miguel Hernández y recito de memoria (no es broma) su elegía por Ramón Sijé mientras deslizo mis ojos como caracoles por un jardín que se esponja tras la lluvia de esta tarde. "Lloro mi desventura en sus conjuntos" pues "tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento". Hay un rumor en mi mente que desde un tenue sosiego inquiere por el poder creativo del dolor. Alguien escribió que cuando se es feliz no se necesita crear, tienes bastante, nada hay que buscar, nada que descubrir... Algo en mí siempre se rebela ante ese vínculo de ansia creativa que brota de la desazón, del dolor. Lo cierto es que, cuando cotejo obra y biografía de aqull@s artistas cuyas obras me deslumbran, esa relación se manifiesta nítida y persistente.

Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.

Es otra elegía. Esta vez de Lorca sobre Ignacio Sánchez Mejías.

¿Tiene sentido el dolor? ¿Es acaso la espuela necesaria para que nuestro alma se afane por sobrepasar los límites seguros del estar sin ser? Un personaje de Faulkner afirma: "si tuviera que elegir entre el dolor y la nada, elegiría el dolor".

Resulta fácil teorizar sobre el dolor cuando no duele, codificar ascetismos, sublimarlo en aras de ideas indoloras, de doctrinas inocuas. Pero cuando la voz es aullido, no solo de carne, sino de esas heridas de adentro que supuran huecos y sombras, uno se enfrenta a una alquimia peculiar, a una destilación compleja para extraer lucidez y surfear en la espuma del llanto sin que la ola se desplome y te desgarre sin piedad entre arrecifes.

No es fácil, nada fácil, pero es la única via posible para que una lágrima sea fermento de flor, para que un gemido insinúe melodías, para que las garras del abismo se tornen alas de plumas vaporosas y te eleven más allá de ti mismo.

Tejiendo este collage, ahora que cae la noche como una capa espesa, en mis oidos se clava la aguja delicada pero atroz del dolor exacerbado a la tortura en aras de la extrema pureza de la voz. El disco se llama SACRIFICIUM, de Cecilia Bartoli. En él se rescata la música que se creó ex-profeso para los Castrati. Qué abrumadora paradoja que una belleza tan sutil y etérea requiriese de tan soez amputación. Da que pensar, da que sentir.

Parto, lascio, o cara

Sposa, non mi conosci

Qual farfalla innamoratt

jueves, 8 de abril de 2010

IMAGINARIUM


El poema de Nicanor Parra que Lulu dejó en la anterior entrada como una carga de profunidad da pie a esta entrada. Como Juncal señala, uno al leerlo se sumerge en lo imaginario de nuestra percepción del mundo y la vida hasta que, abruptamente, sentimos, sea dolor o placer, como nuestras entrañas palpitan bajo esa abstracción.

Desde polos tan aparentemente distantes como el budismo o la física, se nos enfrenta a la relatividad de nuestras vidas: no somos espectadores ajenos a una realidad, sino que moldeamos "nuestra realidad" hasta hacerla diferente de la realidad del otro. En la práctica, lo que percibimos es transformado por nuestra mente, por nuestros sentimientos, por todos los resortes y hábitos mentales que nuestra biografía ha engranado circunstancia a circunstancia.

Así vivimos en una realidad que no es real y que es distinta de la realidad del otro. Un estímulo (un sonido, una imagen, un acto) puede provocar reacciones antagónicas en distintas personas, desde rechazo a entusiasmo, desde miedo a placer. Eso origina dos dificultades a cual más problemática: comprender a los demás y comprenderse a si mismo. Me centraré en ésta, entre otras cosas porque creo que, si somos capaces de abordarla, es cuando podremos ponernos en el lugar del otro.

Estamos en una playa en un dia soleado de verano. La gente está de vacaciones. Se supone que deben estar a gusto y tranquilos, pero... cada cual ha llevado hasta la arena algo más que su toalla y demás chismes. Sus deseos, sus miedos, sus hastíos, sus rencillas, sus preocupaciones. Hay una playa por cada persona que está allí. Son granos de arena mentales que conforman una playa imaginaria que puede dibujar una sonrisa o una mueca despectiva en los rostros embadurnados de crema solar. Podríamos esbozar una cadena con toques de caricatura: chica toma el sol mientras sufre porque el chico que le gusta no le hace caso, hombre mira con deseo a chica a espaldas de su mujer, mujer se siente feliz por estar juntos de vacaciones, hijo mayor odia la playa porque se aburre sin amigos, hijo pequeño chilla de placer jugando con las olas, vendedor de patatas maldice las ventas del día... La misma playa y tantas playas a la vez.

No basta saber. Al final como en el poema, nuestro corazón palpita bajo los rayos de esa niebla mental imaginaria con la que envolvemos lo que nos rodea, lo que vivimos. Uno querría ser capaz de disolverla, dejar que la luz mostrase la realidad tal cual, más no es tarea fácil. En estos temas resulta asequible hacer diagnósticos, complicado asumir un tratamiento y difícil, muy difícil, llevarlo a cabo. Supone afrontarte (que no enfrentarte) a ti mismo cara a cara, con tus luces y tus sombras, que son ambas más de lo que crees. Implica descubrir el error que subyace detrás de la conducta. Exige una alquimia dura y complicada que transmute los hábitos y las inercias en una nueva forma de ver y percibir la vida. Y todo ello implica esfuerzo, coraje y voluntad.

Reflexiones sobre un poema, sobre mí mismo, sobre aquello que acontece en estos días, sobre ese dolor imaginario que tanto duele.

Una banda sonora de doble uso:

MICAH P. HINSON: STAND IN MY WAY
con frases como: no es lo que hiciste, es cómo lo hiciste.

El otro uso es para promesas cumplidas de la Casa. Vaya el poema de Semana Santa prometido. Es de hace unos años y dedicado a un amigo, ampliado ahora a toda la buhardi. Si escuchais la canción, hacia el final hay arreglos de viento como de marcha procesional...

Viernes Santo

Un dios muere bajo la lluvia en este ocaso.
Tormentas calladas tiñen apenas
de luz las húmedas tinieblas,
la esponja de vinagre gris que alivia
la sed del bosque de cruces carcomidas,
la sangre de la noche
para la redención de la piedra,
el velo del templo rasgado
de una tierra ulcerada y antigua.

Y yo aquí bailando entre las gotas,
manantiales del tiempo derritiendo
las calles empedradas de escamas,
ensortijando mi mente
entre el vaho que lame las laderas
susurrando misterios sin fe
que embrujan a las jaras.

Y tu aquí
burlando con tu soledad la mía
en un abrazo invisible de hombres solos
que miran hacia atrás en el silencio
cribando los sueños del recuerdo
en un cedazo de futuros apremiantes.

Hermandad del anhelo
por la que en ti me reconozco
y te siento
simplemente como amigo,
con la desnudez majestuosa que ello encierra
en esta noche del velatorio de dios.