Ésta es mi Casa, tu Casa

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lunes, 8 de noviembre de 2010

AVISO


Estimada clientela:

He salido a bailar en la oscuridad... sirvanse ustedes mismos, vuelvo ahora, si salen, dejen la puerta abierta.

Les quiere...(aunque no lo parezca) su Capitán de otoño.

sábado, 16 de octubre de 2010

10 del 10 del 2010



Una fecha precisa, redonda, sonora, fácil de recordar, incluso cuando tu agenda devora post-it tras post-it con anotaciones, citas y compromisos ineludibles que uno querría eludir. La verdad es que lo pensó muy bien, hasta en las noticias se han hecho eco de la coincidencia. Que yo sepa no hay conjunciones astrales, profecias previstas ni plazos fijados, simplemente es cuestión de matemática recreativa, como cuando el cuentakilómetros del coche hace 22222 kms o leemos un número capicúa. Tampoco creo que tuviese que ver con valores simbólicos del 10, y eso que me molesté en mirar cual era la carta 10 del tarot y todo: la Rueda de la fortuna... No, no me veo a Don Antonio ejerciendo de cabalista, no le pega, pero quien sabe, por lo pronto aquí estoy sentado en un taxi dirigíendome a una cita a ciegas con un libro viejo entre las manos.

Estornudo, como siempre, como estornudé al rebuscar entre las estanterias de mi estudio hasta encontrarlo. Tardé poco, me quedan pocos libros. La mayoría fueron perdíendose por el camino, algunos prestados, otros regalados, la mayoría se quedaron en el piso al separarme. Éste me acompañó siempre, en el colegio mayor, en mi primer despacho, en los sucesivos que ocupé de embajada en embajada, en el que por fin me apoltroné en el Ministerio, cuando volví a casa para encontrarme con que no me sentía en mi casa.

Lo miro con cariño, sus pastas duras ablandadas por el uso y el trajín, sus dibujos anticuados, el color mostaza de las hojas tras el otoño del tiempo. Y estornudo, igual que cuando nos reuníamos en la vieja biblioteca del colegio, a hurtadillas, para que los demás del pueblo no nos viesen y lo tomasen a chufla. Recuerdo el olor a madera de los muebles, al del pan con chocolate que me daban de merienda y la colonia fuerte y varonil de Don Antonio.

Eramos siete. Estaba Pedro, el hijo del ,alcalde, el que más trataba de no ser visto por miedo al carácter de su padre, franquista y borrachín. Carlos, el bueno de Carlos, el de la tienda de ultramarinos, que siempre se las arreglaba para sisar algunos caramelos o perrunillas. Jacinto, hermoso como su nombre, delicado como su aroma, una flor de invernadero expuesta a la inclemencia de las pandillas del pueblo, siempre dispuestas a pasarse un buen rato puteando al mariquita. Y Julián, oliendo a chotuno, pero sentado por Don Antonio en la mejor silla, el rey David, el pastor poeta que tan pronto imitaba el canto del mirlo como recitaba algún verso de Machado. Cinco contando conmigo... y ellas.


SILENCIO....

sábado, 2 de octubre de 2010

A LA CARTA



Resulta que no encuentro a las musas.
Sucede que me va la marcha.
Acontece que apetece un desafío.

Solicito por tanto a mi distinguida clientela sírvase ordenar su plato.
Carta blanca:
Platos fríos o calientes
Cocina tradicional o nouvelle cuisine
Platos contundentes o desestructurado al nitrógeno...

Elijan tema y formato (corto, please) que yo voy encendiendo los fogones.

La nueva entrada quieren que sea........................................................

Como banda sonora un recuerdo del concierto de U2 (sí, estuve...)
WITH OR WITHOUT YOU


UN CAFÉ CARGADO PARA LA ESPERA

Vinimos a este mundo
como un perro sin hueso
como un actor sin contrato...

UN TANGO PARA LA ESPERAAAAAA

viernes, 24 de septiembre de 2010

DESNUDO ENTRE LA MULTITUD


A mis soledades voy, de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

...

Ni estoy bien ni mal conmigo;

mas dice mi entendimiento

que un hombre que todo es alma

está cautivo en su cuerpo.

Lope de Vega

Sentado en la inmensa pequeñez de mi salón, descubro que la soledad son soledades. Junto a mí, haciendome compañía está esa multitud que conforma nuestro yo. Posan frente a mí como en un escaparate de moda. Yo soy el maniquí, repetido en un molde cambiante por la edad: el bébé que fui y sigue buscando el calor de un pecho, el niño que sólo anhelaba jugar con otros niños, el adolescente que aún persigue cuentos de hadas y guerreros, el joven que escanciaba la copa del placer creyéndola inagotable, el hombre emprendedor que creyó tener el control de su vida... el viejo que presupongo y temo. También están nuestros fantasmas: todos esos yo que imaginamos ser un día y que tienen hambre de presente y sed de realidad, protagonistas de sueños de niebla o humo.

La ropa es una colección de temporada en permanente lucha por vestirnos el cuerpo y seducir nuestra mente. Miedos que eligen yelmos y corazas ante el mundo y ante el otro. Orgullos que proponen uniformes de poder. Sedas para la vanidad de creernos especiales. Arpillera para la falsa humildad.Cortes perfectos para auyentar los fantasmas del hastío. Ese traje de bodas con el que nos amamos a nosotros mismos. El de primera comunión donde sellamos el final de la inocencia. La mortaja que nos dará un abrigo inútil. Un nosotros que nos contiene, que nos limita. Como las matrioskas, las muñecas rusas, capa tras capa ocultan nuestra innata desnudez.

Cuesta quitarse tanta ropa, tantas cremalleras echas de rutina, tantos botones cosidos a mano con punto de cruz... Pero hace falta. Debajo hay una piel pálida que necesita bañarse en luz, que anhela nuestra caricia, ese tacto de la propia mano en ti mismo, abrazándote, mimándote, aceptándote, tal como eres y no como pretendes ser. Desnudarse buscando la esencia, sumergirse en lo más antiguo y puro de nosotros mismos, para retornar limpios y sencillos a la inmensa tarea de ser quienes somos.

No pretendo una declaración de buenas intenciones, una sarta de palabras bellas, ideales para hacer un powerpoint de esos que se envían por correo con imágenes de atardeceres y música nueva era... (por cierto, los odio... cosas mías). Es una tarea exigente. Requiere renunciar al confort de la rutina, vivir el presente como un reto, mirarse sin piedad en el espejo. No son dogmas para guardar en el cajón estanco de la fe, sino propósitos a largo plazo que obligan a vivir en permanente lucha, muchas veces sin saber si avanzas o retrocedes, si va a merecer la pena.

Es como esos ovillos tan enmarañados que parece imposible desliarlos. Sólo la paciencia y la constancia de buscar uno de los cabos, de seguirlo nudo a nudo, liberarlo día a día, hora a hora hasta llegar al inicio, a ese nudo primordial en que todó comenzó a urdirse a base de error, ese nudo que es tan nuestro...

El cielo y el infierno existen. Doy fe. Mas no son mundos lejanos arriba o abajo. Están dentro de nosotros mismos. En nuestra mente hay secretas mazmorras en las que nos sometemos a las más atroces torturas, siendo a la vez víctima y verdugo.

Pero intuyo también un paraiso perdido, aquel cuyo aroma husmeamos en el aire del silencio, un paraiso que nos espera también en nostros y al que indefectiblemente solo podremos entrar desnudos.



LONELY CAROUSEL de Rodrigo Leao

De este juego que jugamos
no podemos escapar,
tenemos que seguir
Esta vida se va
Cuando he tratado de divertirme
para celebrarlo en un parque de atracciones
los placeres que encuentro no me satisfacen

Y todo el tiempo el mundo se desenvuelve
más allá de este carrusel solitario
Y todas estas palabras, no significan nada en absoluto
Sólo un remedo cruel, una extraña tragedia
de lo que debiera ser
Después de tratar de descubrir las respuestas a un por qué
para buscar un significado
dentro de este sueño
Las palabras que he dicho,
giran en torno a mí
como un vals dentro de mi cabeza
Siempre el mismo,
por favor,
hacer que se detenga

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Entrevista "solitaria" a Saramago.

domingo, 12 de septiembre de 2010

AVISO PARA NAVEGANTES

Tras unas merecidas vacaciones blogueras, su Capi se dispone a mostrarles la nueva colección para la temporada de otoño. Prendas ligeras de textura cálida con el inconfundible corte marca de la casa. Para amenizar su espera, les dejo con:

Eliane Elias

sábado, 14 de agosto de 2010

COSAS DE NIÑOS



- Ahora estate tranquilo sentadito mientras te preparo la cena. Pórtate bien. Toma unas pinturas y papel, y píntame algo mientras.

Me cuesta concentrarme a veces, dejar de recordar su insaciable apetito de gourmet, su costumbre de tararear las canciones de la radio mientras cocinaba los fines de semana. Se pasaba la mañana del sábado organizándolo todo: elegía los platos, iba al mercado a comprar los ingredientes, de paso me traía flores, abría una botella de vino, se servía un vaso, encendía la radio y pedía que no le molestásemos. Siempre nos sorprendía con algo nuevo. Lo malo era como me dejaba la cocina, pero le dejaba hacer, cansada de guisar el resto de la semana y encantada de tenerle junto a mí.

- Bueno, a cenar. Venga, abre la boca, eso es. Es papilla de fruta, de la que te gusta. ¿Ves como está muy rica? Muy bien, ahora un yogur y luego a la camita. Espera un poco que recojo la cocina.

Compartimos lo bueno y lo malo. Ahora que lo malo ha ganado la batalla, me aferro a los recuerdos de lo bueno, a las tardes de paseo cuando novios, a los desayunos en la cama del domingo, a los sueños que se quedaron a medias, a la cálida firmeza de su cuerpo.

-Bueno, al baño. A ver ese pañal... ¡Uff, vaya cacota! Vamos a cambiarlo para que duermas bien. Así, limpito. Ahora a poner el pijama.

Cuando comenzó a insultarme y me dio aquella bofetada me vine abajo. Más tarde comprendí que no era él. Se me hizo duro, fueron un par de años, luego se volvió inofensivo, metido en si mismo, como un caracol adormilado.

- Ven que te dé un beso en la frente. A descansar. Hasta mañana mi vida.

Visto así, mientras lo arropo, cobran sentido sus palabras, sus recuerdos. Ha vuelto a la niñez. A sus sesenta años habla de jugar a las canicas, me pide merendar pan con chocolate, confunde el salón con el patio del colegio. Apenas podemos entendernos ya. Nos queda solo el lenguaje del cariño. Esa mierda de enfermedad le está borrando la pizarra de su vida.

lunes, 2 de agosto de 2010

UN BUEN TRABAJO



La sangre resbala extraña y sucia sobre el brillante acero inoxidable. No me agrada el efecto y menos aún cuando el agua la diluye y se pierden juntas en sucia acuarela por el sumidero. La sangre donde realmente queda bonita, perfecta, es en la piel, recién derramada, calentita aún, con ese color tan puro y denso, deslizándose lentamente lamiendo un muslo o salpicada como granos de granada sobre un vientre de terciopelo.

No ha estado mal el trabajito de hoy, cinco fiambres en un día. No me quejo, la verdad es que pagan bien, y metidos en faena igual da uno que cinco. Don Alberto quedará satisfecho. A mí me deja siempre los trabajos sucios, confía en mí y yo no le defraudo: soy discreto y limpio, cuido el detalle y no dejo huellas, para eso me pagan. Mañana, si me acuerdo, miraré los nombres de los muertos en la prensa. O no... La verdad es que casi nunca lo hago, prefiero trabajar sólo en su muerte sin saber nada de sus vidas. Ese es el truco de este oficio: ser frío, indiferente, ajeno, y para ello nada mejor que verles como meros objetos de trabajo.

La putita, por ejemplo, con su cuerpo de ninfa bajo el vestido de lamé y las botas altas. Un navajazo preciso. Un trabajo fácil. ¿Por qué matarla? Yo que sé... Nunca me ha gustado ocuparme de putas y encima algo no cuadraba del todo: un cuerpo demasiado fino para hacer la calle, casi de niña y con toda la pinta de pijita... Mal rollo fijo. Mejor no preguntar.

La maruja gorda ha sido otra cosa. Costó lo suyo rematarla. ¡Vaya que sí! Cinco cuchilladas nada menos: las tres primeras no hicieron más que cortar grasa, la cuarta un tajo en la mano con la que trataba de protegerse, la quinta, profunda y con recorrido, le rompió las tripas. En medio de la faena, no he podido evitar recordar cuando iba al pueblo con mis padres para la matanza. Su carne, blanda y fofa, olía a cebolla, a ajo y a lejía.

El más rápido ha sido el tercero: un chavalito de los modernos con su piercing, sus tatuajes y esa expresión de espanto en los ojos, cercana al estallido, que deja la muerte por asfixia. El pañuelo de seda en estos casos es la elección acertada para que no se vean marcas. ¡Qué pena de veinte años! Le cambiaba yo a ese gachó el cuerpo sin dudarlo, que uno ya no es el mismo de antes.

Los otros dos iban en el mismo paquete: hombre y mujer, treinta y algo, vestidos de noche, salen de fiesta, cogen el coche, los frenos no responden, y dos cuerpos rotos e irreconocibles. Un accidente de circulación más. Un caso frecuente... Un trabajo fino de especialista.

Estoy cansado, pero satisfecho. No siempre consigo rematar bien la faena y la verdad es que hoy me he portado ¡Soy bueno, joder! Probablemente el mejor de por aquí, que a veces da pena ver las chapuzas de otros. Bueno, me voy a casa, me merezco un descansito y una buena cena. Un último vistazo... ¡Perfectos! Los cinco preparados al detalle, elegantes, maquillados. Me gusta verlos así, con la ropa que han traído los familiares, como si fueran a una boda. Mañana se dirán susurrando que parecen dormidos y más de uno les besará en la frente, como hago yo con mi hija por las noches.

Me voy. No me gusta encontrarme con las familias, me da grima y además no me conviene. Yo sólo soy el que disfraza a la muerte para amortiguar su dolor, para que los cuerpos que han amado se parezcan a sus recuerdos, para que la visión de su carne rota no les persiga y les devore. Yo me llevo conmigo esas fotos venenosas para ellos y las dejo desvanecer en una obscura estantería perdida en mi memoria a la que procuro no acercarme. Nada quiero saber de sus nombres, nada de sus vidas, que otros jueguen a imaginarlas. Yo no sé hacerlo ni quiero saber, sólo soy un artesano de la compostura y el engaño que maquilla el rigor de la muerte para la ceremonia del tránsito. Ese es mi oficio y para eso me pagan.

Voy a salir por la puerta de atrás del tanatorio. Además hoy hay mucha prensa y curiosos, que no todos los días hay un accidente mortal doble, dos asesinatos y un suicidio en una ciudad de provincias como ésta. ¡Yo me largo! Con un poco de suerte pillo el autobús de y cuarto y puedo ver la segunda parte del partido. Parece que va a llover.

© Januman


De Mister Nick Cave: Where the wild roses