
Permítanme que juegue con los dos usos de la palabra tiempo.
Dentro de cada uno de nosotros, en ese clima apenas perceptible desde fuera, hay un mapa de isobaras en permanente flujo. La rotación de nuestro yo, la traslación en la órbita del otro, generan días y noches alternos, estaciones, ciclos de emoción y sentimiento que nos llegan en olas sucesivas.
Anticiclones de tiempo estable, sosiego de días largos, sequía si duran demasiado. Borrascas que llegan con el viento, que nos traen humedad. A veces, lluvia fina de ternura, de caricias gota a gota. Otras, un frente cálido provoca tormentas de verano, la pasión descarga relámpagos repletos de deseo, chaparrones de placer y ese momento exquisito en el que nuestros cuerpos exhaustos huelen a tierra mojada, cuando el alma se exponja con la humedad del otro.
No podemos olvidar los frentes fríos, con su escarcha de tristeza, con chubascos de dolor que penetran nuestras grietas y nos rompen al helarse. O la niebla, cuando el frío y la humedad nos fuman la mente. Por si fuera poco, de cuando en cuando, un huracán nos arrasa por completo los jardines que tanto nos costaba cultivar.
Y todo este tiempo cambiante sujeto al otro tiempo, al que nos carcome minuto a minuto con el tic-tac de las esferas celestes. Tiempo de vida, cuenta atrás de muerte. Cuando nos sobra cometemos el derroche de jugar a pasatiempos, de consumirlo en rutinas vanas de usar y tirar. Cuando nos falta, se nos escapa entre las manos como arena de playa.
Dos tiempos, causa y efecto del otro. Un instante de plenitud nos sabe a eternidad, los años anodinos pasan en un suspiro. Dicen que el tiempo lo cura todo, a mí me lo dicen con frecuencia últimamente, pero no sé si curar debe entenderse como extirparse el pasado.
Al final nos quedan las flores secas, los recuerdos confinados en un búnker en los más profundo de nosotros, allí donde aletean las mariposas de algunas primaveras, las hojas secas de otoños de nostalgia, la nieve pura que pisaba nuestra infancia, algunos rayos que iluminaron noches compartidas.
TIEMPO: para mal o para bien, todo es cuestión de tiempo.
Januman, su hombre del tiempo hoy, les desea que tenga un buen día.
AVISO: esta canción puede herir seriamente su sensibilidad
AVEC LE TEMPS de Leo Ferré cantada por Isabelle BoulayCon el tiempo...Con el tiempo todo se vaSe olvida el rostro y se olvida la vozCuando el corazón ya no late,no vale la pena ir a buscar más lejosHay que dejar las cosas como son y eso está bienCon el tiempo...con el tiempo todo se vaEl otro, al que se adoraba, al que se buscaba bajo la lluvia...El otro, al que se adivinaba a la vuelta de una mirada,entre palabras, entre líneasy entre polvo de una promesa maquillada, que se va...Con el tiempo todo se alejaCon el tiempo...Con el tiempo todo se va,todo se va,aun los más bellos recuerdos tienen pinta de cosas de traperoen los estantes de la muerteel sábado por la noche cuando la ternura se va completamente sola.Con el tiempo...Con el tiempo todo se vaEl otro al que se le daban viento y joyas,por quien se hubiera vendido el alma por unos céntimosAnte el que uno se arrastraba como se arrastran los perrosCon el tiempo se va, todo va bienCon el tiempo...Con el tiempo todo se vaSe olvidan las pasiones y se olvidan las vocesque decían bajito con palabras de gente pobre:“No vuelvas tarde. Sobre todo no cojas frio”.Con el tiempo...Con el tiempo todo se va,y uno se siente encanecido como un caballo agotado.Y uno se siente catalogado al azarY uno se siente muy sólo quizá, pero tranquiloY uno se siente ridículo por los días perdidos...Entonces, de verdad,con el tiempo, ya no se ama.Si no les ha herido lo suficiente, escuchen la
versión original en directo de su autor, Leo Ferré.
Peor sonido, pero ese rostro es una máscara de tragedia griega que compensa.
¿Aún quieren más?
Versión jazz de Abbey Lincoln con excelente montaje de fotos.
Como ven, es una de las joyas de la gramola de Januman. Triste, pero exquisita.
Si aún les queda tiempo..., no dejen de leer al maestro
Cortázar en Instrucciones para dar cuerda al reloj.