
El poema de Nicanor Parra que Lulu dejó en la anterior entrada como una carga de profunidad da pie a esta entrada. Como Juncal señala, uno al leerlo se sumerge en lo imaginario de nuestra percepción del mundo y la vida hasta que, abruptamente, sentimos, sea dolor o placer, como nuestras entrañas palpitan bajo esa abstracción.
Desde polos tan aparentemente distantes como el budismo o la física, se nos enfrenta a la relatividad de nuestras vidas: no somos espectadores ajenos a una realidad, sino que moldeamos "nuestra realidad" hasta hacerla diferente de la realidad del otro. En la práctica, lo que percibimos es transformado por nuestra mente, por nuestros sentimientos, por todos los resortes y hábitos mentales que nuestra biografía ha engranado circunstancia a circunstancia.
Así vivimos en una realidad que no es real y que es distinta de la realidad del otro. Un estímulo (un sonido, una imagen, un acto) puede provocar reacciones antagónicas en distintas personas, desde rechazo a entusiasmo, desde miedo a placer. Eso origina dos dificultades a cual más problemática: comprender a los demás y comprenderse a si mismo. Me centraré en ésta, entre otras cosas porque creo que, si somos capaces de abordarla, es cuando podremos ponernos en el lugar del otro.
Estamos en una playa en un dia soleado de verano. La gente está de vacaciones. Se supone que deben estar a gusto y tranquilos, pero... cada cual ha llevado hasta la arena algo más que su toalla y demás chismes. Sus deseos, sus miedos, sus hastíos, sus rencillas, sus preocupaciones. Hay una playa por cada persona que está allí. Son granos de arena mentales que conforman una playa imaginaria que puede dibujar una sonrisa o una mueca despectiva en los rostros embadurnados de crema solar. Podríamos esbozar una cadena con toques de caricatura: chica toma el sol mientras sufre porque el chico que le gusta no le hace caso, hombre mira con deseo a chica a espaldas de su mujer, mujer se siente feliz por estar juntos de vacaciones, hijo mayor odia la playa porque se aburre sin amigos, hijo pequeño chilla de placer jugando con las olas, vendedor de patatas maldice las ventas del día... La misma playa y tantas playas a la vez.
No basta saber. Al final como en el poema, nuestro corazón palpita bajo los rayos de esa niebla mental imaginaria con la que envolvemos lo que nos rodea, lo que vivimos. Uno querría ser capaz de disolverla, dejar que la luz mostrase la realidad tal cual, más no es tarea fácil. En estos temas resulta asequible hacer diagnósticos, complicado asumir un tratamiento y difícil, muy difícil, llevarlo a cabo. Supone afrontarte (que no enfrentarte) a ti mismo cara a cara, con tus luces y tus sombras, que son ambas más de lo que crees. Implica descubrir el error que subyace detrás de la conducta. Exige una alquimia dura y complicada que transmute los hábitos y las inercias en una nueva forma de ver y percibir la vida. Y todo ello implica esfuerzo, coraje y voluntad.
Reflexiones sobre un poema, sobre mí mismo, sobre aquello que acontece en estos días, sobre ese dolor imaginario que tanto duele.
Una banda sonora de doble uso:
MICAH P. HINSON: STAND IN MY WAYcon frases como: no es lo que hiciste, es cómo lo hiciste.
El otro uso es para promesas cumplidas de la Casa. Vaya el poema de Semana Santa prometido. Es de hace unos años y dedicado a un amigo, ampliado ahora a toda la buhardi. Si escuchais la canción, hacia el final hay arreglos de viento como de marcha procesional...
Viernes Santo
Un dios muere bajo la lluvia en este ocaso.
Tormentas calladas tiñen apenas
de luz las húmedas tinieblas,
la esponja de vinagre gris que alivia
la sed del bosque de cruces carcomidas,
la sangre de la noche
para la redención de la piedra,
el velo del templo rasgado
de una tierra ulcerada y antigua.
Y yo aquí bailando entre las gotas,
manantiales del tiempo derritiendo
las calles empedradas de escamas,
ensortijando mi mente
entre el vaho que lame las laderas
susurrando misterios sin fe
que embrujan a las jaras.
Y tu aquí
burlando con tu soledad la mía
en un abrazo invisible de hombres solos
que miran hacia atrás en el silencio
cribando los sueños del recuerdo
en un cedazo de futuros apremiantes.
Hermandad del anhelo
por la que en ti me reconozco
y te siento
simplemente como amigo,
con la desnudez majestuosa que ello encierra
en esta noche del velatorio de dios.